Insuficiente, la formación especializada para la docencia universitaria: experta

Insuficiente, la formación especializada para la docencia universitaria: experta

Martes 10 De Agosto De 2021
Pedro Rendón/DCI

En México, generalmente, se inicia el ejercicio de docencia universitaria sin la formación pedagógica necesaria. La oferta de formación especializada para ser docente de educación superior es insuficiente, pese a que hay una enorme población de profesorado en las más de dos mil universidades que existen en el país, dijo la doctora Marisol Silva Laya, directora de la División de Investigación y Posgrado (DINVP) de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

Durante el conversatorio en línea Relevancia del involucramiento del estudiantado de primer año en el quehacer docente, organizado por la Universidad de Chile -como parte de su ciclo de formación docente en línea Docencia en primer año-, Silva comentó que las políticas de educación superior asumen que quien obtiene una plaza para dar clase en una universidad tiene conocimientos pedagógicos y la capacidad de implementar una didáctica pertinente a las necesidades del grupo estudiantil.

Pero lo anterior, “definitivamente sabemos que no es cierto”, pues resulta común que profesionistas den clases en universidades, en las carreras que ellos/as mismos estudiaron, pero sin haber tenido previamente una formación en metodologías y estrategias de enseñanza. Es por esto que consideró necesario visibilizar la importancia de la pedagogía de la educación superior y trabajar en la misma para fortalecerla.

Respecto a si ¿habrá una pedagogía particular para el primer año universitario?, una de las preguntas que el moderador del conversatorio, Tomás González Cifuentes -profesional de la Unidad de Docencia del Departamento de Pregrado de la Universidad de Chile-, formuló a la académica, ésta respondió que sí, y que tiene algunos rasgos distintivos que ya no se corresponden con lo que, por muchos años se aceptaba; que la del profesor/a era una figura de autoridad, encargada de transmitir conocimiento.

Este modelo tradicional tiene que superarse, porque ya no funciona desde hace varias décadas y menos con las generaciones actuales. También es preciso innovar en los dispositivos para apoyar a los y las estudiantes de recién ingreso a la universidad para lograr su integración y éxito académico. Por ejemplo, en el estudio de las trayectorias escolares por mucho tiempo se pensó que, para disminuir o abatir el abandono escolar, había que dar clases remediales y cursos extracurriculares.

Sin embargo, eso, aunque necesario e importante, es insuficiente, porque “el corazón del asunto está en la relación pedagógica”; en el aula pensada no como cuatro paredes, sino como el hecho educativo. Así que, en la medida en que el aula es motivante, participativa y está centrada en el aprendizaje, demuestra ser el factor más determinante para la persistencia y retención del estudiantado.

Las estudiantes y los estudiantes se sienten comprometidos con su propio aprendizaje en la medida que encuentran que su formación profesional tiene sentido y que sienten que están aprendiendo. De ahí que es muy importante la pedagogía de la educación superior centrada en el aprendizaje del estudiante, algo de lo que se viene hablando desde Carl Rogers, añadió la doctora.

Por ende, incluso si las y los educandos arriban a la universidad con deficiencias en la formación del bachillerato, las profesoras y profesores universitarios deben hacerse responsables de su aprendizaje. Es así que una buena enseñanza será cuando ésta se encuentre centrada en la búsqueda y promoción del aprendizaje del estudiantado.

Los estilos de enseñanza efectiva son diversos, pero comparten ese rasgo que implica la reflexión permanente acerca de cómo aprende el estudiantado, y el diseño de estrategias que favorezcan su participación activa y su empoderamiento respecto del proceso educativo.

Ante diversificación de perfiles, abandonar idea de un estudiante estándar

Otra cuestión importante a considerar en la pedagogía universitaria es “abandonar la idea de un estudiante estándar”, pues los perfiles estudiantiles se han ido diversificando, desde los tradicionales, como los ‘herederos’ de los que hablaba el sociólogo francés Pierre Bourdieu, jóvenes con un alto capital económico y cultural; hasta aquellos/as pertenecientes a grupos vulnerables y que son la primera generación en sus familias que ingresan a la universidad.

En torno a esto, Silva Laya explicó que la masificación educativa ha tenido su lado positivo, en términos de democratización del acceso a la educación superior, a la que ha venido aparejada una diversificación de perfiles estudiantiles que, paradójicamente, ha traído como consecuencia una desigualdad educativa.

Y es que se pensaba que con la masificación educativa se iba a garantizar a todos y todas el acceso a la educación y, por ende, dar cumplimiento al derecho a la educación. Empero, esa masificación entrañó una desigualdad educativa, porque mayormente se desempeñan con eficiencia en sus estudios universitarios los mejor habilitados, los ‘herederos’, no así  quienes ingresan a la educación superior con rezagos en sus aprendizajes, por no tener la misma habilitación.

Luego entonces, las y los docentes universitarios deben entender que hay diferentes perfiles estudiantiles, tienen que tener la capacidad de reconocer esas diversidades y favorecer el aprendizaje entre todos y todas, algo que es muy importante sobre todo en el primer año, porque “es la puerta de entrada a la universidad”.

Para hacer que la puerta abierta a la educación superior no se convierta en una puerta giratoria, como suele decir el educador estadounidense Vincent Tinto, quien sentó muchas bases para el estudio de las trayectorias de los estudiantes, la Directora de la DINVP mencionó que los profesores universitarios, especialmente los del primer año, tienen la enorme responsabilidad de comprender estas nuevas realidades.

Junto a lo anterior, deben procurar fomentar el aprendizaje profundo, ya que aún persisten los aprendizajes superficiales, de memoria, que se olvidan tras resolver un examen, y se tiene que ir habilitando a los estudiantes, desde el primer año, a entender que la labor intelectual exige pensamiento crítico, comprensión, apropiación.

“La pedagogía crítica, que fluye mucho a través del diálogo, no es solamente adquirir pasivamente cierto volumen de información, sino tener la capacidad de interpretar, de preguntarse, la capacidad de explorar, cuestionar, construir. Y creo que son habilidades fundamentales que debiéramos fomentar en el primer año universitario”.

Esta pedagogía crítica debe acompañarse siempre de un respeto al talento y a la capacidad de cada estudiante, o sea, que haya un equilibro entre una exigencia moderada y una motivación en los estudiantes, que despierte en ellos/as el sentirse competentes.

Esas exigencias moderadas, donde hay participación, donde hay diálogo, donde poco a poco se van fomentando el pensamiento crítico y la apropiación, no solamente la repetición de conceptos y los aprendizajes superficiales, son fundamentales, “porque eso prepara las bases para continuar con el resto de la carrera universitaria, que va creciendo en exigencia y en complejidades”.